XIV Acto de Advocación Marinera a la VIRGEN DEL BUEN AIRE

El domingo 28 de septiembre de 2025 a las 11:00 a.m., en el Palacio de San Telmo, se celebró el XIV Acto de Advocación Marinera a la VIRGEN DEL BUEN AIRE
PARTE I.- COFRADÍA Y HOSPITAL DE LOS MAREANTES DE SEVILLA (Lectura).HERMANDAD MAREANTES DEL SUR
La cofradía y hospital de Mareantes de Sevilla, fue un señero y poderoso instituto cuyos oscuros orígenes se remontan a mediados del siglo XVI. Se tiene constancia de su existencia al menos desde 1555, cuando manifiestan ya sentirse herederos de los privilegios del viejo colegio de Comieres, institución gremial del bajo medievo. Sus primeras reglas, como hermandad Nuestra señora del Buen aire, fueron aprobadas el 13 de marzo de 1561, para unos años mas tarde en 1569, el rey Felipe II unir mediante real cédula las personalidades jurídicas de la hermandad con la Universidad de Mareantes.
Se trataba de una cofradía que reunía a un grupo muy determinado de profesionales, concretamente a “maestres, pilotos, capitanes, señores de naos de la navegación de las Indias y restos de los oficios del mar”. Es decir, la cofradía y el hospital de los Mareantes tenían como objetivo primordial y “bajo la advocación a la virgen del Buen aire, el buscar el celo de servir a Dios, el bien de los marineros y de navegantes de la carrera de Indias y para el mejor remediar de algunas necesidades que se ofrecen en los susodichos, sus mujeres, hijos e criados…”. Con una triple vertiente: una devocional, siendo los titulares de la cofradía la Virgen del Buen Aire, San Pedro y San Andrés. Otra asistencial, pues se erigía en hospital para curar a sus hermanos. Y una tercera socio-política, al articularse como Universidad con fines más ambiciosos de poder, para así “defenderse de cualquier persona o institución que lesionase sus intereses”. Para ello, establecerán una relación directa con la Corona, la Casa de la Contratación y con el Consulado de Cargadores.
Su sede primitiva se estableció en Triana, el barrio marinero por antonomasia, concretamente en la calle del Espíritu Santo, luego conocida como de los Mareantes y actualmente como Betis. Se ubicaba sobre una parcela de 429 varas cuadradas, dando la fachada principal al río y disponiendo de una puerta trasera que salía a la entonces llamada calle Larga, hoy conocida como Pureza. Se denominaba oficialmente “Hospital de Nuestra Señora de los Buenos Aires”, aunque vulgarmente se le conocía como “Hospital de los Mareantes”.
Disponía de su propia iglesia, inaugurada el día de la fiesta de Nuestra Señora de la O en 1573. El 24 de junio de 1596, aprobadas nuevas reglas ante el ordinario, se convertiría en hermandad de penitencia, quedando fijada la salida oficial con sus imágenes titulares, en la tarde del Miércoles Santo.
El gremio de Mareantes creció en Sevilla y su institución: la Cofradía, el Hospital y la Universidad de Mareantes, llegó a ser muy poderosa. Incluso, llegaron a tener hermandades filiales en América, como la que tenía su sede en el monasterio de San Francisco de Veracruz, en México. En sus reglas se puede entrever, la enorme actividad financiera, asistencial y religiosa. Este crecimiento les llevaría en 1682, a trasladar su sede a nuevos terrenos, de mayor superficie y que adquirirían al santo oficio a extramuros de la ciudad, el hoy Palacio de San Telmo,
La cofradía se sufragaba de una cuarta parte de soldada que se cobraba a los maestres de los navíos de la Carrera -luego pasaría a ser media soldada-, de las limosnas que se recaudaban en las alcancías que se ubicaban en los navíos, y de las cuotas de los propios cofrades. Los servicios que prestaba a sus afiliados eran variadísimos: desde la asistencia en la enfermedad, hasta el entierro, las misas de difuntos o el auxilio a los hermanos que cayesen en la pobreza. Rendían cultos a la Virgen del Buen Aire así como a San Pedro y San Andrés. Asimismo, celebraban solemnemente la fiesta de la octava de Todos los Santos.
El 17 de junio del año 1681 y a instancias de la Universidad de Mareantes, el rey Carlos II mediante real cédula, funda el Real Colegio Seminario de San Telmo, para la crianza de jóvenes en las artes marineras y bajo la tutela de la Hermandad de nuestra señora del Buen aire.
Se trata de formar en las artes náuticas a huérfanos y pobres que cubran cómo tripulantes las necesidades de la armada y flota de indias. Esta vocación inicial, semillero de pajes, grumetes, marineros, artilleros o pilotos y en sustitución del reclutamiento clásico de la Leva, iría paulatinamente perfilándose hacia la conversión en un centro especializado en la formación de pilotos mercantes. En definitiva, una marina más eficaz. De aquí saldrían durante mas de 150 años con un total de 3505 matriculados y de los cuales el 94% eran andaluces, los Mareantes más diestros y mejor preparados del mundo civilizado.
La administración correría a cargo de la Universidad de Mareantes, con un órgano colegiado, La Diputación, que se encargaría de la elaboración de las actas y estaría formado por un Mayordomo Diputado y dos Mayordomos adjuntos. El Consejo de Indias será su protector y el Conservador Superintendente el presidente de la Casa de la Contratación. En 1786, se nombrará a un director que sustituiría al órgano de gobierno de la Universidad de Mareantes.
Con el paso del tiempo, el palacio de San Telmo sería vendido en 1849 a los Duques de Montpensier, y cedido al cabo por la Duquesa Infanta María Luisa Fernanda a la Archidiócesis, como destino de Seminario.
Hoy en día, debidamente restaurado, este singular y hermoso edificio se ha convertido en la sede de la Presidencia de Gobierno de la Junta de Andalucía, y el lugar donde ahora nos encontramos, desacralizado, en un museo permanente cuyo bellísimo contenido no puede sino concitar un hondo sentimiento de admiración y recuerdo emocionado de aquellos primitivos Mareantes formados y titulados con los más acreditados despachos de la época y que surcarían los siete mares, en travesías de gloria para Sevilla, Andalucía y España… Marinos éstos, a los que desde nuestra mas profunda humildad, los Mareantes del Sur anhelamos parecernos, sintiéndonos depositarios de sus reglas y esperanza.
Francisco Rodríguez Compás
Maestre
HERMANDAD MAREANTES DEL SUR
PARTE II.- EL ALUMNADO DEL REAL COLEGIO DE SAN TELMO DE SEVILLA (Teatrealización). HERMANDAD MAREANTES DEL SUR
El alumnado en el Real Colegio y Seminario de San Telmo, arranca con150 plazas para niños de entre 8 y 14 años de edad.
En el de protocolo de entrada, se contemplaba el ser español y con limpieza de sangre (17 apellidos cristianos), preferentemente huérfanos de padre y madre, así como los pobres. A partir de 1721, no se aceptarían niños cuyos padres hubieran tenido oficios viles (bodegueros, carniceros, verdugos.)… Tampoco se admitirían descendientes de negros, mulatos, gitanos, herejes y penitenciados por la Inquisición y que no fueran descendientes de cristianos viejos. Estos requisitos harían que tanto el Colegio como sus alumnos gozaran de gran prestigio.
El Colegio admitiría también a los llamados Hijos de la Iglesia o Expósitos, también llamados de la Cuna y cuya limpieza de sangre estaba garantizada. En 1786 el Colegio dio entrada a los llamados Caballeros Porcionistas,jóvenes que pagaban una cuota en concepto de pensión y educación. Procedían de familias pudientes, hijos de militares, comerciantes ricos e incluso nobles (pagan la porción para entrar, comenzando con 4 reales diario). Su educación fue más refinada que la que se daba a los Numerarios, que era más práctica. Respecto a la comida, era la misma para todos, aunque desde 1807 comían a distinta hora y la mesa era bendecida por su capellán. Normalmente no terminaban la formación y con el tiempo, acabarían desapareciendo.
El Real Colegio Seminario de San Telmo proporcionaba a sus colegiales cama, comida, enseñanza y todo cuanto era necesario para su manutención, incluida la vestimenta, un uniforme para llevar a diario y otro que deberían reservar para los días festivos. Grosso modo, el uniforme ordinario lo componían una camisa, una chupa, un calzón, unas medias, unos zapatos y una capa de abrigo. Mas adelante, se distinguiría entre la ropa parda para la marinería y la azul para el pilotaje.
Los zapatos, parte fundamental del vestuario, debían renovarse con bastante frecuencia. Así, se proporcionaría calzado nuevo a sus colegiales cada tres meses. No obstante, en 1751 la Diputación tomó la decisión de mejorar la calidad de los zapatos de los alumnos, que ahora serían “de buen cordovan, dos suelas de Irlanda, con sus capillos y barrettas de toda satisfacción y fortaleza”. Cada par de zapatos nuevos costó al Colegio nueve reales y medio de vellón, a diferencia de los que antes compraba que le costaban ocho reales de vellón, pero “eran de poca durasión, por ser de zuela berde”. Asimismo, al tratarse de mejores zapatos, el Colegio dispuso que a partir de entonces los alumnos los renovarían “de quattro a quattro meses, y no de tres a tres como se obserbaba anteriormente”. Con todo ello, el Colegio se ahorraba dinero a largo plazo, invirtiendo en unos zapatos más caros, pero de mejor calidad y que duraban más a los colegiales.
La enseñanza reglada consistía en leer, escribir y contar. Además se le tomaba de memoria la Cartilla del Regimiento de Artillería. Pronto se tomó la necesidad de contar con un maestro en matemáticas, para que los alumnos salieran del centro con nociones de aritmética, álgebra, artillería, geometría, trigonometría plana y esférica y conocimientos del globo terráqueo y celeste. Todo ello se complementaba con prácticas dentro del Colegio, dedicadas a observar el sol con el cuadrante u octante, la ballestina y el astrolabio.
A los alumnos menos brillantes se les enseñaba el arte de la artillería para dirigir su futuro a las brigadas marinas. Con el tiempo, a partir de 1786, se sumaron al aprendizaje en San Telmo más asignaturas como comercio, dibujo e idiomas, que incluiría el francés y el inglés.
Lo cierto es que el Colegio de San Telmo no sólo fue un lugar de enseñanza, sino que además fue un centro de investigación en el avance y perfeccionamiento del arte de la navegación. En San Telmo se mejoraron cartas y derroteros, se perfeccionaron algunos instrumentos de navegación y se promocionó su uso y, por supuesto, se compusieron tratados u obras.
Francisco Rodríguez Compás. Maestre
HERMANDAD MAREANTES DEL SUR
PARTE III.- VIRGEN DEL BUEN AIRE DE SAN TELMO (Lectura).HERMANDAD MAREANTES DEL SUR
Conocemos de la advocación a esta virgen en un convento de Cerdeña, cuya efigie de origen hispano, llega allí en 1370 tras haber salvado a la nave que la trasladaba de un hundimiento seguro, como recoge el relato de la época escrito por un padre mercedario: ”Colgada del techo, ante la imagen, hay una navecita de marfil con la proa vuelta siempre al viento que sopla en mar abierto, de manera que los marineros, antes de partir del puerto, van primero a observar la navecita que les permitirá considerar la derrota más segura y favorable.” Sobresalen entre los innumerables exvotos que la rodean, los de la marinería española, ofrendas en forma de diminutas embarcaciones, anclas, remos, etc., manifestando desde antiguo su predilección por tan entrañable título mariano.
Bajo la advocación a la virgen del Buen aire, el gremio de Mareantes de Sevilla constituirá en su barrio de Triana, su propia hermandad: la Hermandad de Nuestra Señora del Buen Aire, formando unidad en el tiempo con la Universidad de Mareantes y el Real Colegio y Seminario de San Telmo.
Con propia iglesia ya desde el 1573, en el año 1600, los Capitanes Pedro Dallo, Cristóbal Coello y Fernando de Zuleta, representantes de la Hermandad de Mareantes, acordaron con Juan de Oviedo y de la Bandera el encargo de un retablo para la iglesia del hospital de su Universidad, acompañándose del grupo de imágenes que lo conformarían y de la imagen principal de la Virgen del Buen Aire, frente a la cual, hoy nos encontramos.
Ante tanta advocación y belleza profesada, es lógico deducir que el capitán D. Pedro de Mendoza que en 1536 exploró el Río de la Plata, pusiera el nombre de la Patrona de su gremio en Sevilla al lugar más bello conquistado, Buenos Aires, ya que desde Sevilla partieron los expedicionarios.
Hoy, la efigie propiedad de la primitiva Hermandad de Mareantes, es considerada la escultura mariana hispalense de mayor vinculación con America. Así consta en documentos de la época que “la última visita que hacían los marinos antes de su partida para las Indias era para Nuestra Señora del Buen Aire, en su ermita a la vera del Río frente a la Torre del Oro”.
La fiesta principal del Buen aire era la Natividad de la Virgen, pero la antigua Hermandad la celebraba el domingo posterior a los ocho días desde su octava. Pues bien, hoy domingo 28 de Septiembre de 2025, festividad de nuestra Patrona, hemos querido reunirnos en este lugar a los pies de la talla original de Nuestra Señora, para rememorar en este breve acto los más de 400 años en los que su bellísima imagen ha sido referencia, guía y amparo de los marinos profesionales de nuestra querida tierra andaluza, de toda España, y allende los mares.
Hemos de decir, acerca de la advocación a Nuestra Patrona, con una relativa tristeza por los acontecimientos sobrevenidos desde principios del siglo diecinueve, que ha sido prácticamente olvidada, siendo otras advocaciones marineras, principalmente la de la Virgen del Carmen desde principios del Siglo XX, la que más veneración universal concita en la actualidad.
Los futuros sacerdotes que hoy se forman en Sevilla, tienen la misma imagen que sus antepasados en el altar del nuevo Seminario, ya que, habilitada para el culto, disponen de una copia de esta bellísima talla original a la derecha del altar donde puede venerarse.
El que la figura original y su retablo permanezcan en San Telmo, es decisión encomiable de la Junta de Andalucía desde el punto de vista tradicional y museístico. Lo apoya el hecho de que haya pocas cosas tan hermosas como este recinto sevillano, sito en el corazón de este palacio, palacio que se muestra en su conjunto original, con la imagen principal del Buen Aire de tan importantísimo valor histórico y sentimental para todo marino español.
Siempre quedará aquí para nosotros como referencia y tradición histórica, la belleza de esta imagen que ocupa su lugar magníficamente restaurado, que por ser hoy sede del Gobierno andaluz, es de todos los andaluces.
Aquí estará segura y cuidada y podrá ser admirada dentro de la visita al conjunto, por todos los ciudadanos del mundo y por los años venideros.
Amantes de la recuperación de las tradiciones relacionadas con el Mar, la recuperación del Patronazgo y fiesta anual han sido objetivo nuestro, como lo es el homenaje a aquellas personas que fueron precursoras de la formación de profesionales de la Mar y de marinos ilustres para nuestra Bandera.
Actuando como portavoz de la Hermandad, por mandato de nuestro Maestre D. Francisco Rodríguez Compás:
Proclamo nuestro emotivo homenaje a la Virgen del Buen Aire, a la que ofrecemos media libra de cera blanca en pago simbólico de la cantidad prescrita en las Normas, por cada inasistencia anual.
La hermandad Mareantes del Sur se compromete a hacer esta aportación cada año en su festividad y durante los próximos doscientos, hasta dejar saldada esta cuenta de honor.
Nuestro homenaje a los capitanes Pedro Dallo, Cristóbal Coello y Fernando de Zuleta que hicieron el encargo de la imagen de su Virgen, al gran artista e imaginero D. Juan de Oviedo y de la Bandera, para realizar esta maravilla que cuatrocientos años más tarde contemplamos admirados. Nuestra admiración a nuestros ilustres antecesores, aquellos quienes sembraron sabiduría marinera en las primeras aulas y que darían marinos ilustres, capitanes y pilotos a nuestra Armada, con la relevancia mundial en tiempos de Felipe V donde grandes sucesos heroicos blindaron nuestras rutas en ultramar de acosos corsarios y gracias a hazañas casi olvidadas hoy, como fue la mayor derrota naval de todos los tiempos, infligida a los ingleses por nuestro admirado primer Almirante de la Armada, D. Blas de Lezo y Olavarrieta.
Por fin, nuestro agradecimiento sincero a la Junta de Andalucía por la concesión del permiso para este Acto en que queremos honrar a nuestros antepasados que hicieron posible la maravilla que ahora contemplamos, que esperamos repetir como mínimo los próximos 200 años.
Francisco Rodríguez Compás
Maestre
Sevilla, a 28 de septiembre del año de nuestro señor 2025
HERMANDAD MAREANTES DEL SUR
